EL CONSEJO DE MÉDICOS Y LA NUEVA ETAPA DE LA LUCHA CONTRA EL COVID / 19

EL CONSEJO DE MÉDICOS Y LA NUEVA ETAPA DE LA LUCHA CONTRA EL COVID / 19

“¿Reabrir la sociedad ahora? No aterricemos este avión

con los ojos vendados”

 

Adoptamos el lema del sitio médico internacional Medscape, para iniciar esta nueva carta del Consejo de Médicos a la Comunidad a la que pertenece. En primer lugar, para expresar nuestro reconocimiento por el acatamiento consciente y masivo del aislamiento social decretado por las autoridades nacionales, provinciales y municipales, como herramienta de protección contra la epidemia.

 

Más allá de rechazos individualistas, incompresibles y absurdos, que incluyó agresiones al personal de salud; la llamada cuarentena demostró su eficacia, no sólo en salvar esas vidas, sino también ganando el tiempo necesario para reconstruir, en la medida de lo posible, nuestro sistema de salud, preparándolo para afrontar situaciones más críticas como consecuencia de la pandemia.

 

Empero no solo se trabajó en la infraestructura sanitaria, sino que permitió que la ciencia se pusiera en movimiento, logrando descentralizar los análisis que se hacían en un solo laboratorio –el histórico y deteriorado Instituto Malbrán- para ser realizado en 34 laboratorios en distintas provincias; la obtención de la primera fotografía del virus local; los trabajos entre el instituto de Biología y Medicina Experimental, con el apoyo de nuestro Laboratorio de Hemoderivados de la UNC, para emplear el plasma sanguíneo de pacientes recuperados para usarlo como alternativa terapéutica hasta conseguir la vacuna que no tenemos.

 

 

Esto no hubiere sido posible sin el apoyo activo de la mayoría de la sociedad, incluidos los sectores sociales postergados, donde el peso del aislamiento se hace sentir con más fuerza. Es destacable la responsabilidad de aquellos que viven hacinados y que trabajan al día en sus changas hoy desaparecidas.

 

Esto no hubiere sido posible sin una acción mancomunada entre gobiernos nacionales, provinciales y municipales más allá de las diferencias políticas, que tuvo el centro en la atención de la salud, pero que incluyó asistencia económica a los más perjudicados con distintos planes abarcadores.

 

Esto no hubiere sido posible sin la participación y compromiso de los colegas médicos, de las enfermeras y enfermeros, del personal de salud y de los científicos, que ocuparon sus lugares, a pesar del largo olvido de honorarios justos, de condiciones de trabajo deficientes, de jornadas extenuantes para completar sus recursos para llegar al fin de cada mes.

La nueva etapa

Dichos logros más que evidentes no deben ser olvidados. El abandono del aislamiento debe ser necesariamente progresivo, con pasos seguros, como lo recomiendan los especialistas. En la realidad tenemos situaciones distintas: el panorama en los grandes centros urbanos (Gran Buenos Aires, Ciudad de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe) exige mantener las medidas estrictas. En aquellos lugares en que el virus no se ha manifestado o lo ha hecho con un impacto mucho menor, se puede entrar en la etapa de aislamiento administrado, con un seguimiento puntilloso de los datos.

 

No está de más insistir que el objetivo del aislamiento, entre otros, es obtener el tiempo necesario para prepararnos para afrontar los casos difíciles. El contagio en este tipo de infecciones virales es muy frecuente y casi inevitable por nuestra forma de vida en sociedad, pero la gran mayoría no va a tener grandes problemas y va a sobrellevar el contagio como una gripe común. Algunos van a presentar cuadros más graves y para que ellos puedan tener asistencia es que hemos realizado este esfuerzo. Por eso no debemos mirar tanto el número de infectados dejando que nos cause pánico, sino el número de camas ocupadas y disponibles que también van a reflejar el gran número de pacientes curados.

 

 

Esta nueva etapa exige una mayor responsabilidad. Lo hemos subrayado muchas veces: la salud no es solo un problema de los médicos y del personal de salud. La sociedad debe asumir definitivamente que el calendario de vacunas obligatorias debe ser incorporado a nuestra cultura, que debemos mantener –no solo por la pandemia actual- la campaña de “manos limpias”; que debemos seguir cumpliendo con los consejos contra el dengue, el zika, el chikungunya, el chagas, etcétera.

 

Nosotros los médicos, como todo el personal de salud, no podemos bajar los brazos. Todavía hay posibilidades que nos toquen situaciones más extremas, pero además que no podemos olvidar que la gente se muere por otras causas y debemos estar allí, como siempre.

 

El consejo es pertinente: “No aterricemos este avión con los ojos vendados”.

 

JUNTA DIRECTIVA

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