El retorno de viejos problemas

El retorno de viejos problemas

Informe de Situación: las múltiples caras de la crisis en salud.

El diagnóstico

La crisis de los recursos humanos en salud se profundiza cada día y abre un preocupante interrogante sobre el futuro inmediato de la atención médica. Es de los temas que ya no se pueden soslayar. Es el sistema sanitario, el que está en crisis. Hubo un esfuerzo enorme y un gran compromiso del personal de salud en la dura lucha para afrontar la pandemia. Hubo un esfuerzo del Estado Nacional y de los Estados Provinciales por reconstruir la infraestructura básica de salud.

Logrado el objetivo de retornar a una cierta normalidad, vuelven aparecer en toda su dimensión, los viejos problemas que siempre fueron postergados y que hoy se pueden graficar como un edificio en ruinas, con los cimientos resquebrajados, las paredes descascaradas, las ventanas rotas.

Son los viejos problemas que reaparecen nuevamente con más fuerza. No se trata de la situación de una provincia en particular, es una crisis de alcance nacional, que afecta a todo el sistema de atención médica, tanto público como privado. Y que, además, se arrastra desde hace años.

Río Cuarto, un detonante
En Córdoba, explotó en el Hospital San Antonio de Padua. Uno de los centros médicos más importantes de la ciudad de Río Cuarto, como un hecho que viene sucediendo en distintos lugares de nuestro país, con distintas intensidades. Con un apoyo unánime de todo el personal de salud, los médicos pusieron a disposición de las autoridades sus renuncias si no se atendían sus reclamos por salarios dignos y mejores condiciones de trabajo. Diecisiete colegas la hicieron efectiva, entre ellas, la del director del Hospital.

A partir de allí, el conflicto se extendió a otros centros médicos, en Capital e Interior. En Villa María, los colegas del Hospital Pasteur cortaron la ruta, solicitando adecuaciones que aseguren “una estructura salarial homogénea y acorde con la realidad del sector sanitario”. El miércoles 16 derivó en un paro y una multitudinaria manifestación de guardapolvos blancos se apoderó de las calles de la ciudad.

De conflictos preanunciados
Sólo unos días antes de que estallara el conflicto, el Presidente del Consejo de Médico, Dr. Héctor R. Oviedo, decía al cerrar el Congreso Nacional de Especialidades, realizado en Córdoba el 19 y 30 de septiembre, que estábamos frente a una crisis profunda de los recursos humanos, que pone en riesgo el presente y el futuro de la salud. Y puso sobre el tapete algunas de las causas del viejo y postergado problema.

“El empobrecimiento de los médicos, con honorarios indignos; la instauración de un régimen inhumano de pluriempleo para poder llegar a fin de mes (que resulta una suerte de condena tras largos años de estudio), y las condiciones de formación de una profesión que exige una actualización permanente, han dejado al desnudo la amenaza de una crisis en ciernes que se agranda cada día, en la medida que no se la enfrenta”.

Se trata de un diagnóstico, con base en síntomas probados, no de una mirada política o ideológica, con intereses subalternos. Los hechos de Río Cuarto, que ante ellos, el Consejo se ha solidarizado públicamente con los cole gas, es una reacción que ahora se extiende a los hospitales de toda la provincia como consecuencia de ese diagnóstico. Situación que el propio Estado Provincial reconoce cuando decide algunas respuestas de urgencia de índole económica, que no llegan a conformar porque el problema es mucho más amplio.

Una realidad nacional
Lo que está pasando en Córdoba, pasa en el resto del país. Los medios reflejan lo que pasa en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. La crónica periodística da cuenta de una lucha de los trabajadores de la salud, que lleva –a mediados de noviembre- nueve semanas.

“Médicos/as, trabajadores/as sociales, psicólogos/as y enfermeros/as, entre otros, llevan más de dos meses con movilizaciones, paros, sentadas y encuentros con el objetivo de conseguir una recomposición salarial y mejorar las condiciones laborales. El reclamo, en paralelo, desnuda las falencias de una estructura sanitaria colapsada, con guardias que no dan abasto, pacientes que se acumulan como ganado en los pasillos y profesionales que comienzan a fugarse al sector privado, o bien, directamente prefieren dedicarse a otros rubros” 1 . Es el sistema de salud el que está en crisis y los médicos hablan del largo proceso que va de los profesionales esenciales a los profesionales descartables. Acaban de levantar, hoy 15 de noviembre, han levantado las medidas de fuerzas por el anuncio gubernamental de mejoras salariales, que no asegura que no vuelvan a producirse.

En la Provincia de Buenos Aires, el propio ministro de Salud, reconoce “que hoy el sistema de salud está fragmentado” y que es preciso reformas urgentes y “pensar un proyecto de salud a mediano y largo plazo”.

En La Rioja se está produciendo una pronunciada migración de profesionales que buscan trabajo en otras provincias. Y los medios precisan que mientras las guardias médicas de 24 horas se pagan $18.000 pesos (lo que significa $750 la hora); en Catamarca se paga $34 mil y en San Luis llega a los 50 mil.

Las bajos salarios trae como consecuencia que ya en lugares del interior riojano no haya médicos o hay uno solo y no pueden satisfacer la demanda.

Residencias resentidas y profesionales humillados
La protesta de los colegas residentes es una realidad que está en el centro de la crisis. El desarrollo anárquico del sistema de salud ha distorsionado el sentido de las residencias, que estaban destinadas a la formación de los nuevos especialistas, que complementaban sus estudios, con la práctica médica. Lamentablemente, por lo general, se han convertido en mano de obra barata, sobre los que cae el peso de la tarea hospitalaria, con sobre exigencias, responsabilidades de riesgo y honorarios indignos.

Las sociedades profesionales, como por ejemplo la Sociedad Argentina de Pediatría, manifiestan recientemente su preocupación por la caída de un 30 % de los colegas que inician sus residencias en Clínica Pediátrica, Neonatología o Terapia Intensiva Pediátrica en todo el país. Pero la situación no le limita a esas especialidades. Se trata de una crisis generalizada de los recursos humanos en salud.

La Sociedad Argentina de Pediatría (SAP), a mediados de octubre, manifiesta su preocupación por la cantidad de vacantes que han quedado sin adjudicar en las residencias de Clínica Pediátrica, Neonatología y Terapia Intensiva Pediátrica en todo el país. En el Hospital de Niños de Córdoba, puntualiza el Dr. Héctor Pedicino, director de la Región Centro-Cuyo de la SAP, que este año se cubrieron las vacantes en el tercer llamado para la formación de especialistas en pediatría. “Antes había 10 postulantes para dos cargos y ahora hay 10 cargos para dos o tres postulantes”.

Según el Dr. Héctor R. Oviedo, en su presentación en el Foro Debate “Análisis del Sistema de Salud. Actualidad y Futuro”, convocado por ACLISA, subrayó el dato que desde 2019, se viene observando una leve disminución en el total de nuevos matriculados, que puede insinuarse como tendencia. Ese año llegaron a 736; en 2020, fueron 561; repuntó en 2021, con 864; en tanto que, en lo que va de 2022, hay 506.

Las contradicciones del sistema
Los médicos están en situación de pauperización creciente, pero mientras el costo de la medicina crece. En 2021, subió un 57 % y se ajustaron por encima de la inflación. Un informe de Agustina Devincenzi, sobre la base de encuestas internacionales, Argentina es el país de América Latina donde más aumentaron los costos médicos, una situación que profundiza la crisis del sector.

Para 2022, con un aumento del 13,8% autorizado por el gobierno para diciembre, las empresas de medicina prepaga acumularán un incremento del 113,8%. Durante este año, los precios subieron en enero, marzo, abril, mayo, junio, julio, agosto, octubre.

Esta situación repercute en el hospital público que ve incrementado el porcentaje de pacientes que solo tienen cobertura del sistema público y disminuyen las cifras de las que poseen obras sociales, medicina prepaga o mutuales. Según el periodista especializado en temas de salud, Pablo Esteban, es una de las causas de las guardias colapsadas, turnos diferidos, falta de material de salud, especialmente en el sector público. Pero, a su vez, muchos médicos (que se forman entre 10 y 15 años en la educación pública) abandonan sus puestos y se marchan al sector privado por honorarios escasos, según el informe de la revista Negocios.

Peligrosos signos de cansancio moral
El Dr. Gonzalo Mesones tiene 41 años, trabaja en Buenos Aires, deja un testimonio que comienza a reproducirse. Afirma que “después de muchos años ejerciendo la pediatría decidí dejar el consultorio y todos mis pacientes. Fue una decisión difícil y muy meditada, la herencia familiar de médicos de consultorio subía dos generaciones. El cariño por mis pacientes y sus familias, junto al feedback positivo que trae la consulta en mi especialidad, fueron emociones difíciles de abandonar. Pero trabajar siete días a la semana durante más de 10 años me pareció un tiempo prudente como para hacer un cambio de timón. ¿Por qué alguien trabajaría 7 días a la semana? Si uno es profesional, estudió entre 10 a 20 años para tener su especialidad, su subespecialidad, hizo residencia (para el que no está familiarizado es cuasi una colimba).

Y concluye con dureza: “Ser médico en este país se transformó en una mala palabra, en una idea ridícula y solamente perseguida por gente idealista poco asesorada”. Sólo 41 años, 10 de ellos dedicados a su especialidad.

Opiniones registradas por la prensa, durante las marchas en la Ciudad de Buenos Aires, se escucha frecuentemente la pregunta: “¿Quién puede comprometerse a laburar 300 horas al mes, con la exigencia y la responsabilidad que tiene nuestro trabajo, por 400 pesos la hora? Incluso queriéndolo, por la vocación o por lo que fuere, es imposible comprometerse a eso. Si tenés una familia que alimentar o pagar un alquiler es prácticamente imposible”.

El Dr. Roberto Borrone, reconocido profesional a nivel nacional buscó en el Diccionario de la Real Academia y encontró esta definición “Persona o cosa injustamente postergada, despreciada”, para el término “cenicienta”. Y concluye: La consulta médica, verdadera cenicienta de la medicina, es la prestación de salud más desvalorizada tanto desde lo cultural como desde lo económico. Sin embargo, es imposible pensar en una medicina de calidad sin una consulta médica de calidad.

Los doctores Hurtado Hoyo, Galmés y colaboradores describieron en un artículo6 sobre “remuneraciones profesionales médicas” las consecuencias de la desvalorización del trabajo médico expresando que “el mantener una remuneración médica no adecuada repercute como un gran riesgo para la salud pública de la población, pues lleva irremediablemente a la ruptura de la relación médico-paciente y de la relación médico-institución; el médico no dispone del tiempo necesario para descansar ni para capacitarse; aumenta el error médico; induce al ejercicio de una medicina defensiva e innecesaria y a la insatisfacción profesional. Estos hechos influyen sin duda en el comportamiento ético dando origen a la deshumanización del ejercicio de la medicina. El peligro de las malas remuneraciones son las salidas erróneas o desvíos como respuesta defensiva de sobrevivencia equivocada”.

Médicos sin organización gremial única y sólida
El Presidente del Consejo de Médicos, Dr. Héctor R. Oviedo, en su presentación en el Foro organizado recientemente para analizar la Situación del Sistema de Salud, cita como una de las causas endógenas de la crisis, a la falta de una representación gremial única y consolidada, que deja a los colegas si una organización que canalice los reclamos. Se trata, lamentablemente, de un viejo problema. Fueron organizaciones gremiales, que a través de sus luchas, crearon al CMPC, con una función claramente deontológica. Uno de sus creadores, el Dr. Remo M. Bergoglio, definió entonces con suma claridad que el Consejo de Médicos es simplemente la delegación estatal del control de la matrícula, a la autoridad elegida por los propios colegiados. En ese sentido, el Consejo controla, no agremia. Y marca la diferencia: el gremialismo es lucha: alienta derechos y los apoya hasta con la huelga inclusive.

El Consejo impone deberes. La gran paradoja fue que ese gremialismo que había logrado la creación de un órgano propio de control de la profesión, perdió por malos manejos la representatividad gremial de los colegas. Desde entonces, el renacimiento de un Colegio Médico, fue un anhelo permanente y siempre frustrado, que dejó a los médicos sin respaldo para sus reclamos. Cuando las sucesivas crisis del sector aparecen las reacciones, ellas son espontáneas, no tienen continuidad y eso provoca situaciones como las que ahora se viven. ¿Será ésta, la oportunidad de concretarlo?

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