Inteligencia artificial y relación médico paciente

Inteligencia artificial y relación médico paciente

Desde Hipócrates a la fecha la relación médico paciente (RMP) se lleva a cabo habitualmente en el consultorio, de manera presencial, con participación del médico, el paciente y si éste lo autoriza un familiar o allegado. Lo conversado está resguardado por el secreto profesional. No debe tener límite de tiempo. El médico pone todo sus conocimientos y el paciente la confianza en el mismo. El ser humano es un individuo que piensa, es inteligente, que siente, que acepta, que rechaza, que acciona y toma decisiones, utiliza la tecnología, acepta las responsabilidades.

Cabe recordar las palabras del médico Pedro Laín Entralgo quien refería que la entrevista médico enfermo era una relación de confianza. A su vez Séneca, como ejemplo de esta relación, escribió el párrafo: “Porque el médico y el preceptor se convierten en amigos nuestros y no nos obligan por el oficio que venden, sino por su benigna y familiar buena voluntad […] para con ese estoy obligado, no tanto porque es médico, como porque es amigo”.

Hasta mediados del siglo XX la medicina se ejercía basada en una concepción paternalista. A partir de allí respondiendo, entre otros, a la innovación tecnológica, la aparición de internet, el avance científico, etc. se van introduciendo cambios en el ejercicio de la profesión pasando a ser una tarea ya no tan individualista sino en equipo teniendo en cuenta la libertad y la autonomía del paciente. La comunicación entre el médico y el enfermo en la realidad se convierte en una relación entre seres mortales vulnerables entre la enfermedad y la muerte. El modelo médico se sigue transformando, especialmente en los últimos 80 años y la tendencia está direccionada a tener los datos biológicos necesarios según cada circunstancia en forma continua para tratar de disminuir el riesgo, por ejemplo, ante las arritmias o la hipertensión, etc.

Ahora entran en el debate otros procedimientos tales como la telemedicina, los robots y especialmente la inteligencia artificial (IA) que está produciendo importantes cambios y situaciones que no son fáciles de imaginar. Antes de que se apliquen masivamente deben ser consensuados y autorizados para no vulnerar derechos vinculados a la medicina, especialmente de los pacientes. Esta “aparatología” además y solo por mencionar un ejemplo, mediante un reloj “inteligente” da datos del individuo en tiempo real a distancia, como una derivación del electrocardiograma y permite detectar una arritmia, etc. Indudablemente este es un beneficio enorme. Por otra parte, tampoco se concibe nuestra vida si no nos adaptamos a estas nuevas situaciones.

Estamos obligados a pensar que estos adelantos facilitan la posibilidad de concretar diagnósticos más precisos en menor tiempo, brindar tratamientos específicos, logrando mejorar la calidad y la expectativa de vida. Pero, por otro lado, se transformaron en un obstáculo que altera la relación paciente-equipo de salud, fundamentada en la integración y la empatía entre seres humanos y el respeto por la dignidad de las personas. Algunos autores sostienen que estas “máquinas” hasta podrían aprender y aún autocorregirse y que funcionan mejor que los médicos en algunas tareas, como ser en la búsqueda rápida de información de grandes datos o en el análisis estadístico. En 2017 un robot aprobó el examen de médico nacional de China, Otros dicen que nunca podrán replicar la calidad interrelacional de naturaleza terapéutica que genera una buena RMP. También se menciona y atendiendo a toda esta evolución que, a los médicos, de cómo los conocemos ahora, se volverán obsoletos con el tiempo. Sin embargo otros se posicionan a favor de la RMP tradicional y dice que los pacientes se benefician cuando los médicos pueden interpretar correctamente el significado que ellos atribuyen a diferentes aspectos de sus vidas en relación a su enfermedad, el entorno, sus obligaciones, etc. habilidad que la “máquina” no puede realizar.

Como humanos nos inclinamos a pensar que la RMP no puede desaparecer o ser reemplazada con la incorporación de “máquinas” alimentadas por la IA. Intentan cumplimentar una función que desde centenares de años realiza el médico. En la historia médica la palabra y el dar la mano se consideran la primera medicina utilizada. El escuchar al paciente, intercambiar opiniones, el componente emocional que va y viene, genera la empatía y desde aquí la confianza, imprescindible en el acto médico. Corresponde a lo que se considera el arte de la medicina y que a su vez la humaniza. El paciente necesita expresarse con la palabra y espera la contención del médico. Esa es su esperanza cuando decide consultar buscando un alivio, la curación o el acompañamiento. Debemos ser claros también y reconocer que hay muchos procedimientos que se han standardizado y que no requieren de la participación presencial del médico. Todos estos cambios también modifican aspectos jurídicos que se deben tener en cuenta.

Estas nuevas tecnologías, vinculadas especialmente a la IA, pueden violar pautas éticas y morales, así como la confidencialidad de los datos con la intervención de algoritmos, requisitos fundamentales en la RMP tradicional. Resulta trascendente no olvidar los derechos del paciente, sobre todo la autonomía de su voluntad, con conocimiento, con conciencia y con plena participación en la decisión final que debe ser respetada. La “máquina” escucha y responde rápida y científicamente en base a mucha información, pero no puede analizar el estado emocional y las características particulares del individuo. Responde al cuerpo, pero no al alma, espíritu o como lo querramos llamar.

En resumen la IA y su aplicación en la medicina alteran las exigencias de la RMP como la conocemos. La incorporación de robots de uso médico y las aplicaciones informáticas basadas en IA, en las que son el eje principal de su mecanismo de acción, crean la necesidad de estudiar en profundidad el empleo de las mismas. Trataremos de abordar esta temática desde la visión de la aplicación de la IA que avanza rápidamente teniendo en cuenta las normativas, aún escasas, existentes principalmente en Europa, tratando de aportar algunas pautas y en especial la responsabilidad civil por daños que pudiera provocar esta práctica en el ámbito médico.

Existen en algunos países disposiciones jurídicas que definen y regulan la utilización de los macrodatos muy empleados por la IA. El Diccionario de la lengua española define la inteligencia artificial como la «disciplina científica que se ocupa de crear programas informáticos que ejecutan operaciones comparables a las que realiza la mente humana, como el aprendizaje o el razonamiento lógico». El Parlamento Europeo en el año 2020 dictó una Resolución, que se publicó en 2021, un marco de los aspectos éticos de la inteligencia artificial, la robótica y las tecnologías conexas. La IA “tiene un comportamiento inteligente, ya que puede ejecutar actividades como recopilar, analizar datos, interpretar el entorno y decidir con cierta autonomía para conseguir objetivos concretos”.

La IA en salud. El nuevo debate contemporáneo.

La IA y la medicina están muy vinculadas en muchas áreas que comprenden la atención clínica y quirúrgica, las estadísticas, el seguimiento de los pacientes, la investigación, el uso de robots, etc. pero trataremos de circunscribir nos a la RMP ya que tiene múltiples aristas conflictivas no resueltas. Otra Resolución del Parlamento Europeo de 2017 dice: ”estas tecnologías no deberían disminuir ni perjudicar la relación entre médico y paciente, sino proporcionar al médico una asistencia para el diagnóstico y/o el tratamiento de los pacientes, con el fin de reducir el riesgo de error humano y aumentar la calidad y la esperanza de vida». Esta definición es muy valiosa y a tener en cuenta ya que define la función del IA respecto a la atención del paciente.

En 1981 la Declaración de Lisboa de la Asociación Médica Mundial sobre los derechos del paciente, “incide en la figura del médico como persona física, al establecer como uno de los principios el «derecho a la atención médica de buena calidad», lo cual incluye que «todo paciente tiene derecho a ser atendido por un médico, que él sepa que tiene libertad para dar una opinión clínica y ética, sin ninguna interferencia exterior». Todo esto se altera en la relación médico paciente cuando se incorpora la IA. No hay reglamentación vigente sobre la relación máquina paciente. La máquina podría colaborar con el médico, aliviándolo de algunas actividades, sobre todo las administrativas, buscar la excelencia científica y las vinculadas a imágenes para así poder dedicar más tiempo al paciente.

El Parlamento Europeo en la Resolución de 2017, hace mención a la necesidad de que la inteligencia artificial «preserve la dignidad, la autonomía y la autodeterminación del individuo, especialmente en el ámbito de la atención y la compañía a las personas, y en el contexto de los dispositivos médicos que “reparen” o mejoren a los seres humanos».

La Resolución habla también del contacto humano y lo relacionado respecto de la RMP, que es necesario tener en cuenta, puesto que la eliminación de ese factor humano por robots o máquinas podría llevar a la deshumanización de los cuidados. No podemos dejar de lado dos de los aspectos más importantes de la relación médico-paciente, como son la confianza y el contacto humano.

Hoy ya se dispone de máquinas o “robots” que escuchan al paciente mientras cuenta su problema y sus intimidades y pueden dar indicaciones o instrucciones sin participación médica. En el ámbito de la siquiatría y sicología se han producido casos donde algunos pacientes utilizan el ChatGPT4, que está al alcance del público y no concurren a la consulta médica o sicológica. Además, se viola el secreto médico porque los chats han utilizado las declaraciones de otros pacientes al dar la respuesta.

Estas situaciones pueden tener implicancias jurídicas distintas respecto a si ofrecen información a los médicos, a los pacientes o realizan prestaciones por si solos. El Parlamento Europeo ha establecido algunas pautas sobre la responsabilidad civil en el uso de la IA. Los equipos pueden ser defectuosos o dar respuestas erróneas, no son
infalibles. No hay todavía una legislación clara sobre el uso de estos dispositivos donde la RMP es fundamental. La OMS también reconoce que, a fin de aprovechar plenamente los beneficios de la IA, es preciso abordar los problemas éticos que conlleva para los sistemas de atención de la salud, los profesionales sanitarios y los beneficiarios de los servicios médicos y de salud pública. Como toda nueva tecnología, la IA ofrece grandes posibilidades para mejorar la salud de millones de personas en todo el mundo; ahora bien, como también puede utilizarse indebidamente y causar daño», dijo el Dr. Tedros dhanom Ghebreyesus, Director General de la OMS.

Nada puede suplantar el “ver, tocar y escuchar” del arte médico. La “máquina” no resolverá los intrincados problemas del cuerpo y del alma del paciente. Uno de esos aspectos afectados es la RMP que se puede comparar a una situación de anestesia moral, afectiva e intelectual. En Medicina, “no hay enfermedades sino enfermos”. El Dr. Numa Banti, Profesor de Medicina Legal de la UCA dice en su publicación: la Bioética Personalista Ontológica alza su voz para marcar la desnaturalización que “involucra las esencias de las personas involucradas (médico y enfermo) en el diálogo cara a cara de la entrevista médica y señala lo desfavorable del avasallamiento de la tecnología y con ella la Inteligencia artificial por encima de la interrelación fecunda del paciente y su médico en pos de reestablecer la salud del primero. La “tecnología” jamás podrá “entender” la dimensión de la enfermedad para el enfermo, no entra en la esfera de la “inteligencia artificial” y por ello nunca podrá acceder a la interioridad del sufriente.

Alguien preguntó ¿Nos encontramos frente a una utopía o frente a una realidad que olvida la esencia humana?, ¿Descartamos la RMP presencial por una relación médico máquina-enfermo? ¿Es no saber ponerse en el lugar del otro, no sentir como el enfermo y no poder ayudar cuando enfrenta las dificultades de salud? Asistimos en la actualidad a un escenario en el que se trata de imponer una “pseudo RMP”, mediante la IA que no hace otra cosa que aumentar la distancia entre sus integrantes. Como por ejemplo el paciente puede saber antes que el profesional de que en su situación no hay expectativas de curación y originar las terribles complicaciones que esto puede acarrear al enfermo si no existe un adecuado diálogo en la entrevista médica.

Estamos frente a una verdadera “revolución tecnológica” dentro de la salud y es necesario prever, en forma urgente, un estudio profundo y continuado en el ámbito de la bioética siguiendo la evolución de las innovaciones tecnológicas manteniendo al paciente en su dimensión humana (cuerpo y espíritu), eje fundamental de la Medicina. El análisis del futuro de la IA hace pensar que por una parte colaborará en el avance de la medicina, por otra intentar que los pacientes utilicen razonablemente esta técnica. Los médicos deberán educar a los pacientes y orientarlos para que usen con criterio y sin riesgos la IA. La
IA no debe reemplazar el juicio crítico, ni el razonamiento lógico, ni el sentido común.

En Ética y Gobernanza de la inteligencia artificial en el ámbito de la salud: orientación de la OMS recomienda que: “Los trabajadores de la salud y los sistemas sanitarios deben tener acceso a la educación y la formación para poder utilizar y mantener estos sistemas en condiciones que permitan un uso seguro y eficaz. La IA también puede empoderar a los pacientes y las comunidades para que asuman el control sobre su propia atención médica y comprendan mejor unas necesidades que evolucionan. Para lograrlo, los pacientes y las comunidades deben tener la seguridad de que sus derechos e intereses no estarán subordinados a los poderosos intereses comerciales de las empresas tecnológicas ni al interés de los gobiernos en la vigilancia y el control social”.

Informe especial del Dr. Juan Félix B Runetto1 para revista Ethica Digital.

(1) Se recibió en 1966 en la UNC. Es especialista en Cardiología y Terapia Intensiva. Se ha desempeñado como miembro de la Comisión de Educación Médica Continua. Actualmente está jubilado (Mat, J 4824).

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