Entre la provocación y la empatía, el pensamiento de un médico influencer

Juan González Grima, conocido en las redes sociales como “Doctor Popi”, cuenta por qué comenzó a crear contenido digital y sumó recientemente el formato on y off line con la publicación de su libro “El precio de la bata blanca”, donde hace referencia a “el crudo y fascinante camino de convertirse en médico”.

Juan González Grima, más conocido en las redes sociales como “Doctor Popi” tiene más de 300 mil seguidores en Instagram y casi 100 mil en Tik Tok, los canales de difusión más populares de los más jóvenes. La cercanía con ese público lo impulsó a escribir y publicar, en 2025, “El precio de la bata blanca”, donde relata sin ambages las situaciones que asocia a estudiar la carrera de Medicina –comenzando con el interés en estado embrionario– y, luego, al ejercicio de la profesión. En diálogo con Ethica, explica cuál fue su recorrido y opina sobre el papel de la vocación en la actividad médica. 


González Grima tiene 35 años y se recibió de médico en la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) en 2014, al tiempo que obtuvo la especialidad de cardiólogo en 2019, en el Hospital Privado. En 2021, realizó un máster en Ecocardiografía en la Universidad Francisco de Vitoria de Madrid y, actualmente dirige un centro privado ambulatorio de medicina en Alta Gracia, del que es cofundador. 


Difunde desde hace seis años contenidos de salud en distintas plataformas, en las que optó por el nombre con el que lo conocen sus allegados. En ese sentido, revela: “‘Popi’ es simplemente mi apodo desde que tengo memoria, todas las personas que conozco me llaman así”. 


“Comencé a crear contenido en redes sociales en 2020 con el objetivo de mostrar mi trabajo en el ámbito privado y tener una forma de enseñar diferente a los futuros y a los nuevos colegas”, sostiene y explica que el público objetivo de sus mensajes está constituido por “todos aquellos que quieran revalorizar de alguna manera esta profesión, ya sea desde aprender algo tan básico como fisiología en sus años de estudiantes o tan complejo como el sistema de salud argentino en su etapa de colegas recibidos”.


El salto al formato papel se dio en 2025, con la publicación de su primer libro. Y relata así el camino para llegar a ese resultado: “A raíz de una pequeña disputa con una red social por bloqueo, decidí tomar unos meses de ese tiempo para enfocarme en escribir el libro que muchos estudiantes de medicina y colegas me habían pedido”. 
Aclara que “no es un manual técnico”, sino “una conversación honesta sobre lo que significa convertirse en médico: el entusiasmo inicial, la presión académica, el choque con la realidad, la economía, la vocación, el error, la muerte, la incertidumbre. En definitiva, el costo visible e invisible de vestir la bata blanca”. 


La primera edición corresponde a julio del año pasado y asevera que “la respuesta fue inmediata”. “Las tandas de impresión se agotaban a las pocas semanas una tras otra e incluso con ventas fuera del país. A los pocos meses, nos dimos cuenta de que el impacto era evidente y decidí trabajar en conjunto con una editorial para profesionalizar esa primera edición e incluso agregarle un capítulo extra para largar la segunda edición, que está saliendo literalmente en este momento”, añade.


Consultado por la respuesta de los lectores, señala que fue “profundamente emocional”. “Desde estudiantes de medicina que encontraron ahí respuestas que no se animaban quizás a formular en voz alta, a colegas con años de ejercicio profesional que me confesaron que se vieron reflejados en capítulos como ‘La vocación como némesis’ o ‘Hablemos de plata’”, afirma. Cree, asimismo, que la primera edición “funcionó como un espejo incómodo, pero necesario” y que el libro demostró que “no es una simple descripción”. “Es una crítica cruda y un llamado a la reflexión y a la acción para devolver a esta profesión al lugar que se merece”, sostiene.


Ante la pregunta de en qué instancia de formación deberían leerlo los jóvenes, opina que “idealmente, antes de empezar o en las primeras etapas, porque estudiar medicina no es sólo elegir una carrera larga, es elegir un estilo de vida”. Piensa, entonces, que “leerlo antes puede ayudar a transformar una decisión impulsiva en una decisión consciente”. Sin embargo, aclara que el objetivo no es desalentar, sino lo contrario. “El libro busca que quien elija este camino lo haga sabiendo que habrá noches largas, dudas profundas y momentos de enorme sentido humano”, desarrolla.
González Grima apunta que, para su sorpresa, tuvo un público adicional: “Los médicos más grandes y con experiencia lo han valorado y disfrutado enormemente. Recibo de ellos mensajes a diario sobre el libro”.

El mundo on line


Con las redes sociales como entorno complejo y reflejo de la violencia cotidiana, las agresiones y los denominados “trolls” han encontrado allí un refugio. Sin embargo, González Grima afirma que, en su caso, “la respuesta es mayoritariamente muy positiva”. “Hay una necesidad enorme de información médica clara, honesta y basada en evidencia. La gente está expuesta a una sobrecarga de contenido en salud, muchas veces simplificado en exceso o directamente erróneo, y cuando encuentra a un profesional que explica con criterio científico, pero en lenguaje accesible, lo agradece”, destaca. 


De todas formas, señala que los haters existen y que es inherente a la dinámica de las redes sociales. Define ese accionar como “agresión vacía”, que suele ser “más emocional que racional”, por lo cual intenta no darles relevancia. “Es normal que al hacer algo aparezcan críticas, intento ignorarlas y soy plenamente consciente de que las redes son sólo una parte de mi trabajo, que muestro con confianza y responsabilidad. Aunque haya comentarios negativos de pocas personas, hay miles de veces más respuestas de agradecimiento.

Mundo off line


Ethica consultó a González Grima si pudo trasladar en otros ámbitos los cuestionamientos que realiza en el libro a algunos contenidos y metodologías de enseñanza de la carrera de medicina y la respuesta fue afirmativa: “Permanentemente y en casi todos los ámbitos de mi trabajo profesional y como emprendedor. En espacios académicos, he planteado la necesidad de revisar cómo enseñamos, cómo evaluamos y qué priorizamos”. Y completó: “La medicina no puede seguir formando excelentes memorizadores, necesitamos profesionales capaces de tolerar la incertidumbre, integrar tecnología, comprender economía sanitaria y, al mismo tiempo, sostener humanidad. Me gustaría ampliar ese debate. No sólo en aulas, sino en foros académicos, congresos y espacios interdisciplinarios. La formación médica no debería ser un dogma incuestionable, debería ser un proceso vivo”.


En su libro, González Grima revela cómo su poderosa vocación por las ciencias lo empujó naturalmente a estudiar medicina. Ante el interrogante de si la falta de reconocimiento suficiente a la tarea de los médicos puede conspirar contra las vocaciones, reflexiona: “Puede hacerlo, sí. Cuando una profesión transmite agotamiento, precarización y desvalorización social, es lógico que los jóvenes lo perciban”. 


De todas formas, matiza: “También creo que la vocación mal entendida puede ser peligrosa”. “En el libro hablo de la vocación como posible némesis: cuando se convierte en sacrificio ilimitado, en culpa por poner límites o en aceptación pasiva de condiciones injustas”, continúa. Y aporta como reflexión que “la solución no es romantizar la vocación ni negar los problemas económicos, es redefinir qué significa ser médico hoy”. 


“Si logramos construir una profesión económicamente sostenible, intelectualmente desafiante y humanamente significativa, las vocaciones no desaparecerán. Lo digo claramente en el libro: ‘Para los tiempos que corren, quizás la vocación como combustible para la medicina haya quedado tan obsoleta como una máquina a vapor…’».

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