Un cambio de nombre necesario
La medicina actual está revisando algunos de sus nombres clásicos porque la forma en que nombramos una enfermedad condiciona cómo la pensamos, cómo la buscamos y cómo la tratamos. En este contexto, el reciente cambio de denominación del síndrome de ovario poliquístico (SOP) a síndrome ovárico metabólico poliendócrino (SOMP) representa mucho más que una modificación semántica. Implica reconocer que esta condición no se limita al ovario, a la fertilidad ni a la presencia de “quistes”, sino que constituye una patología endocrino-metabólica compleja, multisistémica, que acompaña a la mujer a lo largo de toda la vida y que podría comenzar desde su formación en el ambiente intrauterino.
Este cambio ocurre en paralelo con otro movimiento conceptual relevante: la ampliación de la mirada del clásico síndrome metabólico hacia el síndrome cardio-reno-metabólico, publicado recientemente en la prestigiosa revista Circulation. Ambos procesos comparten una misma lógica: reconocer entidades clínicas que durante años fueron abordadas de manera parcial y que hoy requieren una mirada más amplia, preventiva e interdisciplinaria. El síndrome ovárico metabólico poliendócrino y el síndrome cardio-reno-metabólico son dos síndromes históricamente ligados por la insulinorresistencia y por sus consecuencias endocrino-metabólicas. Las nuevas guías que definen el síndrome cardio reno metabólico reconocen al síndrome de ovario poliquístico —hoy síndrome ovárico metabólico poliendócrino— como un factor de riesgo que debe ser considerado en la evaluación integral de la mujer.
El SOMP continúa siendo una condición infravalorada. Muchas pacientes atraviesan años de síntomas y consultan en promedio hasta tres o más profesionales de la salud, antes de alcanzar el diagnóstico. Esta demora posterga no solo el tratamiento de manifestaciones como irregularidad menstrual, hiperandrogenismo, infertilidad o aumento de peso, sino también la oportunidad de prevenir complicaciones metabólicas, cardiovasculares y psicoemocionales.
Uno de los desafíos que se plantean en el SOMP es que los criterios diagnósticos fueron formulados principalmente para la edad reproductiva. Por ello, las etapas de transición —adolescencia y climaterio— suelen ser más difíciles de interpretar. En la adolescencia, es fundamental evitar el sobre diagnóstico, ya que algunas manifestaciones puberales fisiológicas pueden superponerse con el síndrome y la morfología ovárica no debe utilizarse como criterio diagnóstico hasta cumplidos ocho años de edad ginecológica. En el climaterio, la anamnesis juega un rol crucial en la elaboración de la historia clínica retrospectiva, a su vez será crucial para trabajar intensamente en la búsqueda de factores de riesgo cardiovasculares.
Nombrar al síndrome ovárico metabólico poliendócrino de manera más precisa permite reconocer una clínica que durante años quedó parcialmente invisibilizada. También invita a avanzar hacia un reconocimiento temprano por las diferentes especialidades de la medicina, superando la mirada exclusivamente ginecológica y promoviendo un abordaje endocrino, metabólico y cardiovascular preventivo, que acompañe a la mujer en las distintas etapas de su vida.
Bibliografía
1. Teede HJ, Khomami MB, Morman R, et al. Polyendocrine metabolic ovarian syndrome, the new name for polycystic ovary syndrome: a multistep global consensus process. The Lancet. 2026. doi:10.1016/S0140-6736(26)00717-8.
2. Ndumele CE, et al. 2026 AHA/ACC/ADA/ASN Guideline for the Prevention, Detection, Evaluation, and Management of Cardiovascular-Kidney-Metabolic Syndrome: A Report of the American College of Cardiology/American Heart Association Joint Committee on Clinical Practice Guidelines. Circulation. 2026. doi:10.1161/CIR.0000000000001453.doi:10.1161/CIR.0000000000001453.