En julio, los argentinos hemos vivido con intensidad el mundial de fútbol, hemos ganado las calles y las plazas para acompañar a un equipo que despertó a un pueblo adormecido, como anestesiado por su realidad adversa. Su unidad, el desbordado apoyo a sus jugadores, no se apagó con la derrota en la final con España. Una página histórica que fue más allá del fútbol, que fue pasión, que nos debordó y que nos invitó a mirarlo sin prejuicio también desde la salud. ETHICA DIGITAL lo intenta a través de dos enfoques.
Pasión y Salud
Que el fútbol es pasión, nadie puede negarlo. En este mundial lo vivieron como un despertar de la anomia y lo convirtieron en un hecho histórico que mezcló la seguridad de su arquero Martínez, la gambeta y la puntería de un Messi endiablado, la fuerza defensora y sus escapadas al arco contrario del Cuti Romero y la entrega de todo el plantel, que recuperaba por momentos la alegría, la fantasía y la osadía del juego como respuesta a los que lo convirtieron en uno de las negocios más lucrativos del mundo, como denuncia Eduardo Galeano.
Pero no sólo eso, sino como equipo unido, plantado, con gestos claros de relación con la sociedad, expresándolo con fuerza cuando la FIFA y las autoridades argentinas en el partido con los ingleses prohibieron el uso del “mapita de las Malvinas”, como manifestó una funcionaria y con parte de una sábana del hotel donde se alojaban, escribiendo con aerosol negro, simplemente la frase “Las Malvinas son Argentinas”, sumada a las declaraciones públicas del Capitán haciendo mención a la pobreza, a los desocupados, a los jubilados, a los discapacitados. Es decir, un fútbol inserto en una realidad más amplia, en conexión con una sociedad que apoyaba a su equipo. Muchos pensaban, como el que escribe, que era una carga más a los jugadores, en su partido con los ingleses, que agregaba además de jugar y ganar, una función de soldados contra los invasores, en la memoria. Nada de eso pasó, sólo un apoyo para desbordarte a un equipo excepcional.
No es un hecho inédito. En la historia del fútbol, se recuerda que el club Argentinos Juniors nació llamándose Mártires de Chicago, en homenaje a los obreros anarquistas ahorcados un primero de mayo, y fue precisamente un primero de mayo el día elegido para dar nacimiento al club Chacarita, bautizado en una biblioteca anarquista de Buenos Aires. En aquellos primeros años del siglo, no faltaron intelectuales de izquierda que celebraron al fútbol en lugar de repudiarlo como anestesia de la conciencia. Entre ellos, el marxista italiano Antonio Gramsci, que elogió «este reino de la lealtad humana ejercida al aire libre”.
La otra cara de la pasión
Sí, la otra cara, es desde la salud. La periodista Natalia Lazzarini de La Voz del Interior y Premio Bergoglio de nuestro Consejo, nos informa, en la edición del 17 de julio, que horas después de los encuentros, el Hospital Córdoba, centro de referencia, asistió a nueve infartados, muy por encima del promedio diario. En el Hospital de Clínicas, según el Dr. Otoniel Hormaeche, sucedía otro tanto.
La nota de Lazzarini comienza con dichos de un periodista deportivo, durante una de las transmisiones: “Si no se sufre, no cuenta” y agrega que casi como un estigma que muchos argentinos internalizamos este latiguillo cada vez que juegó nuestra selección en este mundial de fútbol. Pero por más que evitemos ponernos ansiosos, muchos eventos cardiovasculares suceden en Córdoba, como en el resto del país.
Profesionales del Hospital Córdoba advirtieron un incremento en las atenciones de los pacientes que llegan por infartos durante los partidos de la selección. El centro público de la Capital provincial atendió nueve pacientes. Y precisa: fueron seis pacientes en las seis horas posteriores a la larguísima contienda con Suecia y tres en las tres horas posteriores al partido con Inglaterra. Esto equivale a un infarto por hora.
La cifra se encuentra por encima del promedio habitual. “Durante una jornada normal, podemos recibir dos pacientes infartados en 24 horas. A veces atentemos solo uno. Otros días a ninguno”, explicó el Dr. Rodolfo Sarjanovich, jefe de la Unidad Coronaria.
Como antecedente cita a la Revista The New England Journal que comprobó un aumento de infartos durante el Mundial de Fútbol que se disputó en Alemania en 2006.
Los diarios nacionales dan cuenta que “mientras miles de personas concentraban en el Obelisco y sus inmediaciones, el SAME debió atender una serie de emergencias. El episodio más grave fue la caída de un hombre de 47 desde unos cuatro metros en Lavalle y Avenida 9 de Julio, que le provocó una luxofractura en el pie izquierdo y motivó su traslado de urgencia.
También reportaron casos de intoxicación alcohólica, traumatismos y heridas cortantes. Un hombre de 26 sufrió bradicardia e hipotensión luego de consumir alcohol y otro joven de 23 rechazó la asistencia médica pese a su estado. Hubo lesiones por peleas y caídas, como la de una mujer de 34 que necesitó curaciones por excoriaciones en Cerrito y un hombre con heridas en mano y cuero cabelludo por una botella.
El SAME también asistió a una mujer de 44 con ataque de pánico, que fue derivada al Hospital Ramos Mejía, y a pacientes con crisis asmáticas y nerviosas. En Plaza Inmigrantes de Armenia, tres hombres fueron atendidos tras una pelea, aunque no requirieron traslado.
No es la primera vez que un partido de la Selección argentina termina con emergencias de este tipo. Hace una semana, durante el cruce ante Suiza por cuartos de final, el SAME informó la muerte de un hombre de 51 años por infarto y otras seis emergencias cardíacas en la Ciudad.
En esa oportunidad, el organismo a cargo de Alberto Crescenti asistió a siete personas con cuadros cardiovasculares: dolor precordial, lipotimias, dificultad respiratoria y un evento coronario fatal. Cuatro de los pacientes eran hombres y tres mujeres, todos adultos. (Informe Luis Rodeiro)