Apuestas por celular: el Mundial pasó, el problema queda

El otro tema para tener en cuenta

El encuentro deportivo internacional fue el primero que reveló la explosión de las apuestas on line. La adicción asociada es una enfermedad y puede acompañar también a otras patologías, como ansiedad y depresión. Cómo detectarlo y ayudar.

La Copa Mundial de Fútbol de 2026 pasó y dejó un sabor agridulce para los argentinos, pero el resultado de la final no fue lo único que provocó pesar: ha sido, sin dudas, el evento en el que las apuestas deportivas explotaron en los teléfonos celulares de los más jóvenes, dejando una inquietante sensación de que la euforia y la pérdida de control pueden ir de la mano.

El tema inspiró a los integrantes de la Comisión de Jóvenes Médicos del Consejo a realizar un oportuno conversatorio mientras todavía transcurría el campeonato. La charla, denominada “¿Pasión o adicción? Cuando el mundial se juega en el celular” y realizada bajo modalidad virtual, estuvo a cargo del médico psiquiatra Luciano Di Césare, quien cuenta con un posgrado en Neuropsiquiatría en la Universidad Favaloro.

El Dr. Di Césare reveló que dialogó con un paciente sobre la charla que iba a brindar en el Consejo, con el fin de compartir impresiones sobre el tema.

En primer lugar, aclaró que interviene un proceso adictivo, y brindó estadísticas sobre el crecimiento del fenómeno: el mercado de apuestas on line en Argentina creció más del 300% entre 2020 y 2024. “Se estima que más de 2 millones de personas apuestan regularmente en plataformas digitales, muchas de ellas ilegales o sin regulación adecuada”, afirmó.

Añadió que el grupo más vulnerable es el de los jóvenes de entre 16 y 30 años, nativos digitales, expuestos desde temprana edad a publicidad invasiva y mecánicas adictivas. Apuntó, asimismo, que hay más pacientes que han ingresado a apuestas ilegales que a legales.

Precisó que el 70% de los apostadores son jóvenes (de los nuevos usuarios, 7 de cada 10 tienen menos de 30 años) y el volumen anual del mercado estimado de apuestas on line en Argentina asciende a 1,2 millones de dólares.
De esto deriva una realidad inquietante: 1 de cada tres apostadores frecuentes presenta signos de conducta problemática.

El Dr. Di Cesare fue taxativo: “No es un juego, es una enfermedad”. En ese sentido, describió que está contemplado en la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE) 11º edición de la Organización Mundial de la Salud (OMS) como una conducta adictiva.

“No requiere sustancias, el cerebro responde a las apuestas de la misma manera que a las drogas”, explicó. En ese sentido, afirmó que se observa tanto en las resonancias magnéticas como en la conducta del paciente.

Describió que todo comienza como promesa: “Al inicio, todo parece fácil. Pequeñas ganancias refuerzan la ilusión de control”. La persona –graficó– considera que, al saber de deportes, puede ganarle al sistema. “La trampa ya está tendida”, resumió.
Lo cierto es que el sistema está diseñado de tal forma que el usuario siempre va a perder, por más que en el camino pueda tener episodios de pequeñas ganancias que actúan como recompensa.

La adicción se instala en el silencio, porque no hay nada que lo haga visible: no hay agujas, no hay pastillas, no se ve desde afuera. “Pero por dentro –insistió–, la persona ya no puede parar. Cada apuesta perdida genera la necesidad urgente de apostar de nuevo para recuperar”. En referencia a ello, contó que tuvo un paciente que había apostado el dinero destinado a celebrar el cumpleaños de 15 de su hija y que también hay ejemplos de que se apuestan fondos para vacaciones familiares o, incluso, el monto ahorrado para la compra de una propiedad. Al perder, el apostador vuelve a jugar con el fin de recuperar el dinero, lo cual complica aún más su situación. Entonces, se necesitan apuestas más grandes para sentir lo mismo. El control desaparece; lo que comenzó como entretenimiento se convierte en compulsión”, señaló.

Di Césare recordó que las apuestas son múltiples: pueden ser sobre el resultado del partido, pero también en la cantidad de goles, corners, tiros libres, penales, etc.
En el cerebro actúa la dopamina, una hormona involucrada en el circuito de recompensa. “Cada apuesta activa el sistema mesolímbico, liberando dopamina, el mismo neurotransmisor involucrado en la adicción a las drogas. El problema es que el cerebro aprende a anticipar la recompensa incluso antes de que ocurra”, subrayó.
Por otra parte, hay una inmediatez, relacionada con lo digital, que acelera este circuito. “Los chicos quieren ser millonarios ya. No hay espera, no hay esfuerzo visible. Sólo un click y la adrenalina del resultado. Entonces, el cerebro adicto ya no distingue entre el placer de ganar y la urgencia de apostar. Ambas sensaciones se fusionan en una sola compulsión”, expresó.

Precisó que, gracias a los avances científicos, se sabe actualmente que la neocorteza frontal, que está involucrada en la planificación, en la interpretación, en la comunicación y en la introspección, entre otros aspectos, termina de desarrollarse entre los 25 y 30 años, por lo que el principal público de las apuestas digitales no tiene esa área del cerebro madura. A eso se suma la liberación dopaminérgica, involucrada en el circuito de recompensa, por lo que buscan resultados inmediatos.

“El psiquismo se ha acostumbrado a la situación de recompensa inmediata, lo cual genera ansiedad, depresión, trastornos de hiperactividad y desatención.

Estas ludopatías no solo se presentan dentro de lo adictivo, sino también como comorbilidades, se unen a otros trastornos. Es un combo peligroso, porque últimamente hemos visto tasas de suicidios que viene in crescendo en estos grupos etarios”, declaró Di Césare. Y añadió: “Estas charlas son claves para identificar situaciones problema”.

 

El factor “soberbia”

Una de las características más particulares de la ludopatía es el componente cognitivo: la creencia de que el conocimiento sobre deportes otorga una ventaja real. En ese sentido, la soberbia es una puerta de entrada.

El apostador sobreestima su capacidad de predicción. Dicen o piensan cosas tales como: “¿Cómo no voy a saber yo quién gana este partido?”. Esta soberbia es, paradójicamente, uno de los factores de riesgo”, indicó.

A eso se suma la ilusión de control: “A diferencia de otros juegos de azar, las apuestas deportivas parecen tener lógica. Eso hace que la persona invierta más, se justifique más y tarde más en pedir ayuda”.

Hay, además, un sesgo de confirmación, es decir, sólo se recuerdan las victorias y las pérdidas se atribuyen a la mala suerte. “Este patrón cognitivo refuerza la conducta y cierra el ciclo adictivo”, sumó.

A esa situación le sigue el aislamiento progresivo del paciente. La adicción al juego no solo ocupa tiempo: reemplaza la vida. El paciente empieza a reorganizar toda su existencia alrededor de las apuestas. Lo que se objetiva clínicamente es un retiro gradual de todo lo que no sea apostar.

En otras palabras, la persona deja de ir a lugares sociales, como cumpleaños, celebraciones, eventos familiares, porque “la apuesta siempre es más divertida” que cualquier otra actividad. Paulatinamente, también descuida trabajo y estudio. La concentración y la motivación se redirigen completamente; el rendimiento cae y los proyectos a largo plazo dejan de importar.

También se comienza a mentir de forma sistemática. Se oculta el tiempo que se dedica, el dinero que se pierde y las deudas que se acumulan. “La mentira se convierte en un recurso de supervivencia dentro de la adicción”, explica.

De esa manera, la problemática se instala en todos los aspectos de la vida. La adicción no respeta esferas: afecta lo económico, lo afectivo, lo laboral y lo espiritual.
Es muy fácil apostar, lo facilita todo el ecosistema del juego. Esto es, las barreras desaparecieron: ya no hace falta ir a un casino, ni tener dinero en efectivo y, en muchas plataformas ilegales, ni siquiera es necesario ser mayor de edad. Un celular, una billetera virtual y 30 segundos alcanzan para hacer la primera apuesta. A estos se suma la publicidad invasiva en redes sociales, a través de influencers o hasta en camisetas de fútbol. Y también hay bonos de bienvenida, diseñados para enganchar desde el primer depósito.

“Las plataformas utilizan técnicas de gamificación y psicología conductual para maximizar el tiempo de uso. Notificaciones ‘push’ (mensajes emergentes enviados desde un servidor a un dispositivo, incluso cuando la aplicación no está abierta ni el usuario está usando el teléfono), rachas de victorias artificiales y la sensación de ‘casi ganar’ están programadas deliberadamente”, describe Di Césare. Y añade: “El apostador no está jugando contra el azar: está jugando contra algoritmos diseñados por expertos para que siempre pierda más de lo que gana”.

A la hora del abordaje, hay un aspecto fundamental. “Lo digo en todas las consultas: una parte del tratamiento, una parte de la terapéutica, es la familia. Si no, no hay recuperación”, revela el especialista. “Sin el compromiso familiar, la recaída es inevitable”, agrega.

Hay una psicoeducación familiar. “La familia necesita entender que no es una cuestión de voluntad. Aprender a no encubrir, no rescatar económicamente y sostener sin contribuir a la conducta adictiva”, afirma.

El tratamiento, generalmente, es la terapia individual y grupal: la TCC (terapia cognitivo-conductual), grupos de autoayuda como “Jugadores Anónimos” y, en algunos casos, farmacoterapia para tratar la impulsividad subyacente.

Existe un proyecto en el Senado que contempla una herramienta concreta: el registro de autoexclusión. El paciente puede inscribirse voluntariamente para ser bloqueado de todas las plataformas reguladas y constituye un paso activo de protección.

El debate legislativo sobre las apuestas on line tomó forma de urgencia y hay dos iniciativas principales que marcan el camino hacia una regulación más protectora.
El proyecto del Ejecutivo, que está en el Senado, prevé el bloqueo de sitios de apuestas ilegales; prisión de tres a seis años para organizadores clandestinos; penalización a quienes provean servicios financieros o tecnológicos a operadores no autorizados, y un enfoque de represión de la oferta ilegal.

Por otro lado, en la Cámara de Diputados tiene media sanción una iniciativa que establece prohibición de publicidad de apuestas; verificación biométrica obligatoria para todos los apostadores; creación del Registro Nacional de Autoexclusión, y restricción del uso de tarjetas de crédito para apostar.

“Ambos proyectos deben ser aprobados y articulados para generar un marco regulatorio integral. La presión de la sociedad civil y la comunidad médica es fundamental para que esto avance”, opina Di Césare.

¡Cuándo pedir ayuda!

Es fundamental no esperar a tocar fondo, ya que la detección temprana salva proyectos de vida. “Médicos, psicólogos, docentes y familia tienen un rol activo en identificar señales antes de que la situación se vuelva irreversible”, enfatizó Di Césare.
Para ello, el entorno también puede identificar señales, las cuales pueden ser: irritabilidad,  cambios de humor ligados a resultados deportivos, ocultamiento de gastos, deudas inexplicables y aislamiento social progresivo.

Las señales en el joven pueden ser también: uso excesivo del celular durante eventos deportivos, pedir dinero prestado con frecuencia, desinterés repentino por actividades que antes disfrutaba. Para quienes deciden intervenir, se puede consultar a servicios de salud mental públicos y privados, Jugadores Anónimos Argentina y el médico de cabecera es la primera puerta.

El mensaje central que deviene de lo conversado en el encuentro es que no se trata de un problema de falta de voluntad, sino que es una enfermedad y tiene tratamiento. Con la red de apoyo, hay recuperación.

(Informe Alejandra Beresovky).

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